En su columna, el profesor Pablo Martorano recorrió el origen del modelo migratorio argentino tomando como punto de partida el caso de Chivilcoy, símbolo del ideal sarmientino de progreso basado en pequeños productores y fuerte presencia inmigrante.

A partir de la Constitución de 1853 y la Ley Avellaneda, el país impulsó la llegada de europeos, principalmente italianos y españoles, para poblar el territorio y desarrollar la economía, generando un impacto demográfico clave: hacia 1914, uno de cada tres habitantes era extranjero.

Sin embargo, este proceso también trajo tensiones sociales, políticas y culturales, desde el surgimiento de nuevas ideologías hasta el cuestionamiento de las jerarquías tradicionales por parte de las élites.

El profe destacó el rol de la educación en la construcción de identidad nacional y planteó un contraste con la actualidad, señalando la falta de proyectos de largo plazo en la dirigencia. En ese sentido, remarcó la necesidad de recuperar una visión estratégica para pensar el desarrollo del país.

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