Ante una muy probable derrota en las venideras presidenciales, Donald Trump parece concentrarse en vengarse de todos quienes, en su opinión, convirtieron en un sueño inalcanzable su anhelo de salir reelecto. Entre los enemigos a batir se encuentra Siria, donde EEUU acaba de matar a un militar del Ejército gubernamental y herir a varios otros.

Todo apunta a que el todavía inquilino de la Casa Blanca con gusto convertiría en un desierto bombardeado a todo Oriente Medio, una región que, según su convencimiento, tiene una gran culpa de que le saliera mal su presidencia. De hecho, calificó como «el error más grande cometido en la historia» estadounidense el envío allí de sus tropas.

La presente escalada norteamericana contra Siria incluye, además de ataques militares, un recrudecimiento de las sanciones impuestas a la nación árabe. «Una sostenida campaña de presión política y económica» que, de acuerdo a Washington, busca «negarle al régimen de Asad los recursos que usa para financiar la guerra contra la población siria».

«Toda la política exterior norteamericana de estos últimos meses hay que enmarcarla en las elecciones de noviembre, donde Trump tiene casi firmado su fracaso», señaló en conversación con Radio Sputnik Guadi Calvo, especialista argentino en Oriente Medio, África y Asia.

Enfatizó que la intensificación del «genocidio» del pueblo sirio no sólo puede considerarse un acto de venganza por el fracaso estadounidense en la República Árabe y otros de  sus «múltiples frentes de guerra», sino que además constituye «la última esperanza que tiene Trump de revertir este fracaso».

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