Desde hace días, la Argentina comenzó las pruebas de la vacuna contra el Coronavirus, elaborada por la farmacéutica estadounidense Pfizer y la alemana BioNTech, en el Hospital Militar.

Los voluntarios tienen diferentes perfiles profesionales y etarios (18 a 55 años). Además nunca contrajeron el virus y, en el caso de las mujeres, no están embarazadas. Antes de someterse al proceso, deben realizarse exámenes clínicos y otros estudios, como el hisopado. 

Después, los convocados recibirán dos dosis, con tres semanas de diferencia. Una parte tendrá la vacuna y la otra un placebo, ni los voluntarios ni los investigadores conocen qué recibió cada uno. A partir de la primera aplicación, son controlados a los 21 días- cuando reciben la segunda dosis-, y continúan los chequeos hasta alcanzar los dos años. 

«Una quiere que esto termine lo antes posible», afirmó Mariana Bucich, voluntaria, ginecóloga y ecografista en diagnóstico prenatal y salud fetal. Al comentar su decisión, aseguró que buscó aportar su «granito de arena» para estar más cerca de una solución a la pandemia.

La doctora contó que «cuando te seleccionan, te acuerdan una cita (la suya será el 30 de agosto) para trasladarte al Hospital Militar. Te hacen el hisopado, la prueba de anticuerpos, a las mujeres el test de embarazado, análisis de rutina y tenés una entrevista con un médico clínico». En caso de estar aptos, les cuentan los pro y contra, y firman un consentimiento si están de acuerdo. 

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