En su columna, Pablo McFly pone el foco en un fenómeno que crece en la Ciudad de Buenos Aires y otras zonas: el regreso del público a las salas para ver películas clásicas.

Lejos de ser sólo nostalgia, estas funciones proponen recuperar la experiencia colectiva del cine, incluso frente a la comodidad del streaming. Desde películas mudas hasta títulos más contemporáneos, el público vuelve a pagar una entrada para compartir algo que en casa se volvió cada vez más individual.

La clave, señala McFly, está en reconstruir el vínculo entre espectadores y generar espacios de encuentro: funciones acompañadas por charlas, invitados o debates que enriquecen la experiencia.

En ese marco, también resurge el valor de los cines de barrio y espacios culturales que resisten y reinventan la exhibición cinematográfica. Esta movida parece abrir nuevas formas de vivir el cine en comunidad.