La captura de Nicolás Maduro abrió un escenario de fuerte impacto en la política internacional, que tensionó el accionar de las organizaciones internacionales. Más allá del hecho puntual, el episodio reavivó el debate sobre la vigencia del derecho internacional, el rol de los organismos multilaterales y la reconfiguración del poder global en un mundo cada vez más marcado por la lógica de las esferas de influencia. En ese contexto, la posición que adopten países como la Argentina aparece como una pieza clave dentro de un tablero geopolítico en transformación.
En diálogo con FRECUENCIA ZERO, Emmanuel Boente Brusa analizó que el caso venezolano expone una ruptura con el orden liberal internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial. Según explicó, la reacción moderada, o directamente el silencio, de potencias como Rusia y China frente a la captura de Maduro muestra un mundo donde las grandes potencias negocian territorios y zonas de influencia sin una defensa activa de normas comunes. Para el politólogo, este corrimiento deja al derecho internacional en un lugar frágil, más subordinado a la relación de fuerzas que a principios jurídicos universales.
Boente Brusa advirtió además que los organismos internacionales quedan desdibujados en este nuevo escenario, con menor capacidad de arbitraje y control frente a decisiones unilaterales de los actores más poderosos. En ese marco, sostuvo que la Argentina deberá definir con claridad su alineamiento estratégico, entendiendo que el multilateralismo pierde peso y que los márgenes de autonomía se achican para los países periféricos. “Estamos volviendo a un mundo más crudo y realista”, señaló, donde la fortaleza política y económica será determinante para no quedar relegados en el nuevo concierto global.


