Rafael Spregelburd sobre el regreso de Tirria con Capusotto y su obsesión por las palabras

Rafael Spregelburd no es solo uno de los actores más prolíficos del cine y la televisión argentina; es, ante todo, un pensador de la palabra. En una pausa de sus «vacaciones intermitentes», el artista analizó el éxito de Tirria, la obra escrita por el dibujante Lucas Nine y la periodista Nancy Giampaolo que ha vuelto a encender la cartelera porteña los viernes y sábados. De hecho, el reconocido actor, dramaturgo y traductor conversó sobre el reestreno de la obra que protagoniza junto a Diego Capusotto y Andrea Politti en el Teatro Metropolitan. Una pieza que, bajo una estética de cine antiguo, disecciona con crudeza la actualidad argentina. Tirria cuenta la historia de los Sobrado Alvear, una familia patricia venida a menos que, para no admitir su decadencia ante los vecinos, finge irse de vacaciones durante tres meses. La realidad es mucho más asfixiante: se esconden dentro de baúles en su propia casa, con la complicidad de su mayordomo. Spregelburd, quien interpreta al «peor padre de la historia del teatro», destaca que aunque la obra apela a una estética de «teléfono blanco» de los años 40, su mensaje es profundamente actual. «Esa necesidad de contarse a sí mismo como una ficción es un rasgo característico de la identidad argentina. Vemos a desclasados defendiendo intereses de los ricos porque les construye un relato más placentero de su propia desgracia», reflexionó el actor. El «Efecto Capusotto» y el lenguaje del exceso Trabajar con Diego Capusotto ha sido, para Spregelburd, una invitación a explorar registros alejados del realismo. Definir la obra simplemente como «absurda» queda corto; Rafael prefiere hablar de un lenguaje desmesurado. «Diego habilita cosas que jamás pensé que se podían hacer arriba del escenario. Es un enorme creador de lenguajes y, debajo del escenario, es una persona de una generosidad y ternura entrañables», confesó. La obsesión por la traducción y el «espíritu del lugar» Como traductor y flamante miembro de la Academia Argentina de Letras, Spregelburd abordó la complejidad de llevar sus obras al exterior. Explicó cómo el lenguaje no es solo comunicación, sino un síntoma de identidad. Habló sobre la «periferia» del castellano rioplatense y los desafíos de ser traducido en lugares como Bélgica o Londres, donde a veces se intenta «limpiar» el lenguaje de sus imperfecciones locales para volverlo «neutro». El actor fue tajante: «El teatro está atado al espíritu del lugar. Perder los rasgos que te atan a tu tierra es perder la identidad». ¿Para qué sirve el teatro? Hacia el final de la charla, Rafael dejó una definición provocadora: el teatro no sirve para nada útil. Sin embargo, en esa «inutilidad» reside su valor fundamental. «El teatro hace una ontología: reflexiona sobre por qué las cosas son como son. Crea algo inexistente y lo agrega al universo», explicó. Según el actor, el espectador entra en comunión con personajes despreciables para atravesar una experiencia que desaparece en cuanto se cierra el telón. Por eso, afirma, siempre hay que volver: para realizar un nuevo ejercicio de existencia. Detalles de la función: