La humanidad puede afrontar una hambruna de «magnitudes bíblicas»

La humanidad puede afrontar una hambruna de «magnitudes bíblicas» ya dentro de varios meses si no empieza a actuar directamente ahora, declaró el Director Ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, David Beasley. Expertos del Programa Mundial de Alimentos declararon que unos 130 millones de personas en el mundo pasarán hambre hacia fines de 2020 por las consecuencias del COVID-19. La propagación del coronavirus en Rusia continúa, pero el país está preparado para la pandemia y logró hacer más lento ese proceso, declaró el presidente Vladímir Putin, en una reunión sobre la situación epidemiológica en Rusia. El presidente Donald Trump se declaró dispuesto a emitir un decreto suspendiendo la entrada de inmigrantes en EEUU debido a la pandemia de COVID-19. El volumen de petróleo almacenado en los depósitos del litoral occidental de EEUU llegó a los 20 millones de barriles, comunicó la agencia Bloomberg. La Secretaría de Energía de EEUU acaba de publicar una nueva estrategia, en la que se plantea el objetivo de relegar a Rusia y a China de los mercados de tecnologías nucleares. Estos y otros temas en el programa dominical 7 Días.
Músicos latinoamericanos homenajean la victoria soviética sobre la Alemania nazi

Músicos latinoamericanos —de Argentina y Cuba— están entre los clasificados para el festival internacional ‘El Camino a Yalta’ organizado anualmente por Rusia cuya presente edición busca homenajear el sacrificio del pueblo soviético en la lucha contra la Alemania nazi en el 75 aniversario de la victoria en la Gran Guerra Patria. Un total de 157 aspirantes de 37 países participaron en un concurso en el que ofrecieron las interpretaciones en sus idiomas nativos de canciones soviéticas de guerra. Como resultado, se escogieron 15 semifinalistas que provienen —aparte de Argentina y Cuba— de Israel, Italia, Letonia, Indonesia, Tailandia, China, España, Polonia, Francia, Serbia, Alemania y Albania. Tendrían que actuar en un concierto previsto inicialmente entre el 30 de abril y el 2 de mayo en la ciudad de Yalta en la península de Crimea, una actividad destinada a conmemorar el papel decisivo de la URSS en la victoria sobre el fascismo, así como el enorme precio que pagó para conseguirla. Pero la pandemia del coronavirus provocó un cambio en los planes, dado que el mundo entero está confinado. Ante estas circunstancias los organizadores —la fundación Mundo Humanitario apoyada por la agencia estatal Rossotrudnichestvo— decidieron que el concierto se lleve a cabo de forma virtual. Algo que lo convertirá no sólo en un flashmob internacional para rendir tributo a los héroes caídos en la Segunda Guerra Mundial, sino también en un acto de solidaridad en el contexto de la pandemia. El evento, cuyos protagonistas cantarán desde sus hogares acompañados por una orquesta de 20 músicos, será transmitido internacionalmente desde Moscú el próximo 8 de mayo, a las 19:50, hora local, al tiempo que los espectadores podrán apoyar a quien prefieran en tiempo real. Sus votos se van a tener en cuenta en la última etapa del festival a celebrarse en Crimea este otoño, donde se determinará quién se llevará el premio del público. El poeta y cantautor argentino Alejandro Szwarcman, quien va a interpretar su versión en español de la famosa canción soviética ‘La guerra sagrada’, se mostró convencido en conversación con Radio Sputnik de que el evento contribuirá a abrir los ojos a mucha gente alrededor del mundo que fue «contaminada» por las películas de Hollywood «donde se ha intentado una y otra vez presentar a EEUU y sus aliados occidentales como los verdaderos ganadores» de la peor contienda del siglo XX. © Sputnik / Alejandro Szwarcman «Y no hay que ser muy inteligente para entender que fue la Unión Soviética quien llevó el mayor peso de esa guerra. El pueblo soviético no sólo fue capaz de detener la ofensiva de la Wehrmacht —una máquina asesina muy poderosa—, sino también logró pasar a la ofensiva y derrotar el nazismo», indicó. El concierto también contará con la actuación de la agrupación musical Eduardo Breff & Su Son del Son. Interpretarán la canción ‘Qué noche tan bella’, que tradujeron al español. Su líder, el cubano Eduardo Breff, dijo a Radio Sputnik que tomaron la decisión de participar en el festival «inmediatamente» y «sin pensar». © Sputnik / Eduardo Breff «La victoria en la Segunda Guerra Mundial es nuestra fiesta común, las canciones soviéticas de ese período reflejan toda la profundidad de la cultura rusa y fuerza espiritual de su pueblo. Los cubanos honramos la memoria de todos que pagaron con su vida por la victoria común», apuntó. «Los intentos de reescribir la historia a favor de intereses políticos oportunistas pueden conducir a consecuencias nefastas. En mi opinión, la información sobre estos acontecimientos debe ser objetiva, y nunca olvidada», agregó.
Pregunta impertinente

En esta edición de nuestro programa hablaremos de la libertad de información, de la censura y de sus consecuencias en tiempos de la pandemia del coronavirus. Ya hemos visto en los medios internacionales varias teorías de la aparición del COVID-19 que no coinciden con la versión oficial de las autoridades chinas de que la culpa la tiene un murciélago vendido en el mercado de la ciudad de Wuhan. Esta semana las autoridades estadounidenses ofrecieron una nueva hipótesis de que el coronavirus que ha originado una pandemia que registra más de 150.000 muertos en el mundo pudiera provenir no de un mercado, sino de un laboratorio secreto en la misma ciudad china de Wuhan. «Llevamos a cabo una investigación exhaustiva sobre todo lo que podamos saber de cómo el virus se propagó, contaminó el mundo y provocó tal tragedia», declaró el jefe de la diplomacia estadounidense, Mike Pompeo, a la cadena Fox News. Según un reciente artículo del Washington Post, la embajada de EEUU en Pekín alertó al Departamento de Estado hace dos años sobre medidas de seguridad insuficientes en el laboratorio de Wuhan que estudiaba el coronavirus en los murciélagos. Pues ahora «múltiples fuentes» citados por medios estadounidenses piensan que el actual coronavirus, detectado por primera vez justamente en Wuhan, salió de ese laboratorio. Eso sí, se trataría de un virus natural y no un agente patógeno creado por los científicos chinos. Sin embargo, su “fuga” habría sido posible debido a malos protocolos de seguridad. La verdad es que semejante versión viene como un balón de oxígeno para el presidente estadounidense, Donald Trump, acorralado por las críticas de sus adversarios políticos por su «incorrecta» gestión de la crisis del coronavirus en EEUU. Ya que le permite fundamentar su acusación contra la Organización Mundial de la Salud (OMS) de que había encubierto a China en la pandemia del COVID-19. «Trump acusa a la OMS de encubrir a China en la pandemia del Covid-19», titula a uno de sus reportajes La voz de América. Lo cierto es que Trump necesita por fuerza encontrar culpables. Pero también es cierto que hace preguntas impertinentes a las que muchos querían obtener respuestas. Porque a muchos se les ocurre preguntarse ¿cómo es posible que en China haya solo unos 80.000 infectados y unos 4.000 muertes relacionadas con el coronavirus? ¿Qué es lo que se está haciendo mal en el resto del mundo? ¿O a lo mejor China sabía algo que nosotros no sabemos? Lo cierto es también que las autoridades estadounidenses no tienen tiempo para esperar los resultados de esas investigaciones que aclaren el papel de China y de la OMS en la propagación del coronavirus por el mundo. Menos aún, porque no saben de antemano cuál sería el resultado de esas investigaciones. Con lo cual deben actuar rápido. «EEUU: senador acusa a China de la emergencia sanitaria por la COVID-19», titula a una de sus crónicas Telesur. Pues que el senador demócrata Lindsey Graham acuse a China de ser responsable de la crisis sanitaria a causa de la pandemia de COVID-19 parece totalmente comprensible. Me imagino que pronto veremos si el Congreso realmente está dispuesto a asignar a China formalmente la responsabilidad de la pandemia, con el fin de imponer un «castigo» severo al gigante asiático. La pregunta clave es cómo reacciona la Organización Mundial de la Salud y las autoridades chinas a las acusaciones que les llegan de Washington. La respuesta de la OMS ha sido muy sencilla: contestaron a Trump que su principal preocupación es salvar vidas y no encubrir a China. Mientras tanto, las reacciones que llegan desde China no parecen tan claras. Lo que sostienen las autoridades chinas es que víboras o murciélagos son el origen del coronavirus y que la versión de su creación artificial en un laboratorio de Wuhan es mentira. Es decir, que tampoco desmienten la última hipótesis de Washington, no dicen que no salió del laboratorio de Wuhan ese virus de origen natural por falta de medidas de seguridad. Más aún, hay otra alarmante señal que no puede no causar preguntas. Y es que, según los medios internacionales, China impuso restricciones a la publicación de investigaciones académicas sobre los orígenes del nuevo coronavirus. China controla publicaciones sobre COVID-19, titula a una de sus crónicas la edición en español de la CNN. La pregunta es ¿para qué China ha impuesto estas restricciones? ¿Por qué precisamente hay que someter investigaciones académicas sobre los orígenes del nuevo coronavirus a control previo antes de ser publicadas? ¿Tiene China algo que ocultar? Pues si realmente los chinos pretenden convencer a todo el mundo de que no existe ningún secreto y que han actuado correctamente desde el principio, la mejor manera para conseguirlo sería la transparencia. Entiendo que a lo mejor las autoridades chinas no están acostumbradas, pero no hay otra solución. Más aun, porque una mayoría absoluta de los especialistas dice lo mismo: el coronavirus tiene origen natural. «Dr. Huerta responde: ¿se podrá confirmar si COVID-19 fue creado en un laboratorio?», titula a uno de sus programas la edición en español de la CNN. Como vemos, no hay mucha tentación entre los especialistas de especular que el nuevo coronavirus pudiera ser creado en el laboratorio secreto. Desde este enfoque, lo más prudente para China no sería censurar investigaciones académicas sobre los orígenes del nuevo coronavirus, sino compartirlas con el resto del mundo. Sin embargo, parece que la tendencia a hacer cada vez más censura previa a la información relacionada con el coronavirus tiene cada vez más partidarios no solo en China, sino también en Europa. Una pregunta del estudio del Centro español de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicado esta semana planteaba que en las noticias sobre la pandemia del coronavirus se restrinja la libertad de información para utilizar sólo «fuentes oficiales», es decir, lo que comunique el Gobierno. Según los resultados que ofrecía el barómetro, el 66,7% de los ciudadanos es partidario de hacerlo. Semejante iniciativa ha causado fuertes críticas de algunos expertos en derecho a la información que consideran que la
Putin ordena aplazar el Desfile de la Victoria debido al coronavirus

El desfile por el 75 aniversario de la Victoria en la Gran Guerra Patria en la Plaza Roja de Moscú y todas las celebraciones asociadas, previstas para el próximo 9 de mayo en Rusia, se aplazan debido a la epidemia del coronavirus, dispuso el presidente de Rusia, Vladímir Putin. «El 9 de mayo es un día sagrado para cada familia rusa. Sin embargo, los riesgos asociados con la epidemia son muy altos, lo que no nos permite comenzar ahora los preparativos para el desfile», anunció Putin. «Ordeno al ministro de Defensa, los jefes de los entes castrenses, las autoridades de todos los niveles cambiar el calendario y aplazar los preparativos para el desfile militar en la Plaza Roja en Moscú, y los desfiles en las regiones, posponer todas las concentraciones masivas que estaban previstas para celebrar el 75 aniversario de la Gran Victoria«, dijo el líder ruso. Al referirse a los participantes de las marchas anuales Regimiento Inmortal, que salen con los retratos de sus seres queridos que fallecieron en la Segunda Guerra Mundial, Putin subrayó que lamenta el aplazamiento del evento en este año, pero aseguró que la marcha del Regimiento Inmortal se realice sin falta, este año 2020. Mientras tanto, el secretaaio general de la ONU, António Guterres, hizo una nueva declaración relacionada con el COVID-19 en la que alertó de la «epidemia de desinformación» sobre la pandemia del coronavirus: «Se propaga una ‘desinfodemia’. Las falsedades saturan las ondas. Insólitas teorías de la conspiración infectan Internet», dijo. «El mundo debe unirse contra esta enfermedad también. La vacuna es la confianza. Con una causa común basada en el sentido común y en los hechos, podemos derrotar al COVID-19 y construir un mundo más saludable, equitativo, justo y resiliente», concluyó Antonio Guterres. En otro orden, la decisión del presidente de EEUU, Donald Trump, de detener la financiación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) causó una reacción negativa inclusive de parte del influyente socio del Estado norteamericano en Europa, Alemania. El ministro germano de Asuntos Exteriores, Heiko Maas, escribió en su cuenta de Twitter: «Designar al culpable no ayuda. El virus no conoce fronteras. Una de las mejores contribuciones sería fortalecer a las Naciones Unidas, especialmente a la OMS que no tiene fondos suficientes, por ejemplo, mediante el desarrollo y la distribución de sistemas de prueba y vacunación». Destacamos también que el presidente de Rusia, Vladímir Putin, propuso apoyar a las pequeñas y medianas empresas de las esferas más afectadas por el brote de coronavirus con ayudas financieras. «Propongo apoyar a las pequeñas y medianas empresas de las esferas más afectadas por el brote de coronavirus con adicionales ayudas financieras directas y desinteresadas. Las empresas no tendrían que devolver estos donativos de las autoridades y podrían utilizar el dinero para cubrir sus necesidades más urgentes, como el pago de los sueldos a los empleados y así evitar los cortes salariales en abril y mayo», subrayó el líder ruso. Estos y otros temas en esta edición del programa 7 días.
Putin: «Debemos ser capaces de luchar por la vida de cada persona en cada región»

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, en una videoconferencia con los dirigentes de las entidades administrativas de la Federación de Rusia declaró que las próximas dos o tres semanas serán decisivas en la lucha contra el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 en Rusia. Ha sido el tercer mensaje que Putin dirigió a los rusos durante la pandemia. «Durante ese período, se necesitarán la máxima concentración de todos los recursos y el cumplimiento más estricto de las recomendaciones de los médicos, así como de las medidas de prevención que se están tomando en cada región», declaró el mandatario. El líder ruso definió como una tarea impostergable el mantenimiento en alerta máxima a los centros médicos regionales ante el coronavirus: «El financiamiento ya fue asignado y llegó a las regiones, incluidos los más de 33.000 millones de rublos (unos 435 millones de dólares), destinados al despliegue de camas adicionales especializadas y totalmente equipadas en hospitales y unidades de enfermedades infecciosas», enfatizó el presidente ruso. El jefe de Estado ruso llamó, además, al Gobierno a utilizar todas las posibilidades de los centros médicos federales en la lucha contra el coronavirus. 🏥👨⚕️ Después de la visita de #Putin a un hospital en el que se encontró con un médico que poco después fue diagnosticado con COVID-19, las críticas no se hicieron esperar👉🌐 https://t.co/FWpxUDvB4J #⃣#COVID2019 #coronavirus — Sputnik Mundo (@SputnikMundo) April 12, 2020 Vladímir Putin advirtió que no se puede paralizar la economía debido a la pandemia de ninguna manera: «Por supuesto, no se puede paralizar la economía, suspender el transporte de mercancías y de pasajeros entre las regiones, limitar masivamente el trabajo de las empresas independientemente de la situación real, incluso cuando hay casos aislados de infección en la región. Debemos entender qué daño y qué consecuencias devastadoras esto podría causar», destacó el jefe del Kremlin. En su discurso a los ciudadanos el presidente confirmó comprender el cansancio de la gente por estar encerrado en casa, pero reconoció que por ahora no queda más remedio. Entre tanto, a tres días de la celebración del Día Internacional de Cosmonáutica, Rusia realizó el pasado jueves, 9 de abril, un nuevo lanzamiento de una nave espacial con tres tripulantes a bordo con destino a la Estación Espacial Internacional. El evento adquiere una importancia especial si tenemos en cuenta la pandemia del coronavirus que alteró todas las esferas de la vida de la comunidad mundial. Los integrantes de la misión, dos cosmonautas de Roscosmos, los rusos Anatoli Ivaníshin e Iván Vágner, y su colega de la NASA, el astronauta estadounidense Christopher Cassidy, permanecerán a bordo del laboratorio espacial 196 días. El experto ruso Andréi Koshkin se expresó al respecto: «Hay que quitarse el sombrero ante Rusia, ya que después de 2014, cuando comenzaron a acosarnos activamente con todas las formas posibles de sanciones, Rusia optó por dedicarse a la sustitución de las importaciones. Y hoy día estamos lanzando al cosmos un cohete creado completamente sobre una base propia. Rusia ha comprobado que nuestros cohetes son capaces de resolver las tareas que impone el desarrollo del espacio ultraterrestre», subrayó el científico. Mientras, EEUU, en tiempos de crisis de la sanidad pública en Occidente, está librando una verdadera, así denominada, «guerra por las mascarillas chinas», en las que no tiene compasión ni por sus aliados próximos de Europa ni América Latina. China produce actualmente más de 110 millones de mascarillas, un índice que supera en 12 veces el de antes del brote de la epidemia. En los últimos días, medios de difusión de Alemania, de Francia, de Brasil daban cuenta de distintos casos de apropiación, por representantes de EEUU, de materiales de defensa chinos contra el coronavirus, destinado para esos países. Medios de difusión occidentales acuñaron el término «piratería», aplicado a la actividad de EEUU en el mercado internacional de mascarillas. Lo que es peor, en un intento de resolver sus problemas internos, Washington saquea en los hechos a sus aliados. En tanto, el Ministerio de Energía de Rusia participó en la videoconferencia de la OPEP el 9 de abril para abordar posibles recortes de la oferta global de petróleo. Rusia y Arabia Saudí acordaron el volumen total de la disminución de la extracción de petróleo para superar la crisis de precios. Ambas partes también quieren que EEUU se sume al acuerdo, pero los participantes potenciales de momento no tienen claro la postura de Washington con respecto a la disminución de la extracción. El analista ruso Dmítri Lukashov supone cómo se comportarán los precios en caso de que el nuevo acuerdo de la OPEP resulte exitoso: «Hace tiempo ya que el mercado experimenta un exceso de petróleo. Grandes bancos internacionales de inversión evaluaron los volúmenes de ese exceso al día de hoy que, según estiman, es mucho mayor que la supuesta reducción. En caso de que se consiga pactar la reducción, lo más probable es que el precio no sea 20, sino 30 dólares por barril», supone Dmitri Lukashov. En otro orden, antiguos embajadores de EEUU en Ucrania propusieron aprovechar la pandemia del coronavirus a fin de presionar a Rusia para que devuelva Crimea a Kiev. A juicio de estos diplomáticos norteamericanos, EEUU debe con sus aliados proponer el levantamiento de las sanciones contra Rusia si cesa el conflicto en Ucrania. El politólogo y periodista ruso Yuri Svétov evaluó la idea de esos diplomáticos: «En tiempos en que una desgracia común azota al mundo, la pandemia del coronavirus, y está en marcha una lucha enconada contra ella, en respuesta a los sensatos llamamientos a mancomunar los esfuerzos para el combate común, hay políticos que siguen insistiendo en las sanciones. Han transcurrido ya seis años de tales presiones; es hora de olvidar lo de Crimea ucraniana y entender la realidad de que Crimea es rusa», subrayó Yuri Svétov. El 10 de abril de 2010 el avión Tu-154 del presidente de Polonia, Lech Kaczynski, sufrió un siniestro cuando se preparaba para aterrizar en el aeropuerto «Smolensk-Séverni». La parte polaca culpó a los controladores aéreos rusos y también al exprimer ministro polaco Donald Tusk.
La ética y el compromiso

En esta edición de nuestro programa hablaremos de nuevo de la enorme propagación de noticias falsas tanto en los medios de comunicación como en las redes sociales en tiempos del coronavirus. Hay que recordar que desde el principio de la pandemia del coronavirus la Unión Europea ha acusado a Rusia reiteradamente de estar detrás de la campaña de bulos para desprestigiar Bruselas. En una de nuestras ediciones anteriores, una de las primeras dedicadas al tema del coronavirus, citamos a una crónica que acusaba a Rusia de una campaña de desinformación poniendo como ejemplo la información de que los médicos italianos tenían la difícil elección a la hora de decidir a qué paciente salvarle la vida en primer lugar. Como sabemos, ahora es actualidad cotidiana tanto en Italia, como en España. Pero la tentación de encontrar un adversario externo que intenta perjudicar a la perfecta imagen de Bruselas al parecer no ha desaparecido con el auge de la crisis del coronavirus. Más aun, da la impresión de que la Unión Europea necesita cada vez más a una Rusia que quiere poner trabas a los Estados Miembros en su lucha contra la pandemia. «Rusia y China estarían detrás de la campaña de bulos sobre el coronavirus para desprestigiar a la Unión Europea», titula a una de sus crónicas el canal español Antena3. Parece que ni el propio corresponsal a quien le animan a repetir el mismo lema de que «Rusia tiene la culpa» está muy convencido. No es de extrañar si analizamos los ejemplos de «bulos» entre comillas. «La Unión Europea, al borde del colapso por el coronavirus», «lavarse las manos no hace nada frente al covid-19» o el uso de imágenes de un hospital madrileño haciéndolo pasar por otro de Londres. La verdad es que esos ejemplos no convencen, no se entiende cómo puede eso desprestigiar la Unión Europea. Pero la retórica europea en este sentido no deja demasiado margen. El Alto Representante para Asuntos Exteriores de la UE, Josep Borrel, dio esta semana una extensa entrevista en la que también advierte de que Rusia y China aprovechan la crisis del coronavirus para promover sus intereses en Europa y mejorar su imagen entre los europeos. Mientras no hemos visto todavía ninguna prueba fidedigna de una campaña de desinformación rusa para socavar la Unión Europea aprovechando la pandemia, lo cierto es que la propagación de «fake news» o noticias falsas, amplificadas por la rápida difusión a través de las redes sociales, ha ido de la mano de la pandemia sanitaria. La Policía Nacional de España ha localizado más de un millón y medio de cuentas en redes sociales relacionadas con el coronavirus que se dedican a difundir noticias falsas. Estos perfiles se dedican a manipular y crear contenido spam. Un ejemplo de esas noticias es el bulo sobre una solución mineral milagrosa que un supuesto licenciado asegura que puede curar el coronavirus en 24 horas y exhorta a los médicos a probarlo. «La Policía Nacional detecta más de un de millón y medio de cuentas que difunden en redes noticias falsas sobre el coronavirus», titula Antena3. Pues menos mal que en esta crónica nuestros colegas no apuntan a Rusia. Por eso lo que dice la crónica parece mucho más útil para una persona perdida en la corriente de noticias falsas. Pero si realmente hay tantas cuentas dedicadas a la difusión de noticias falsas y la Policía Nacional las tiene identificadas ¿por qué no hace más que constatarlo? Por el momento no sabemos la respuesta. Porque el subdirector general de Logística e Innovación de la Policía Nacional, José García Molina, se ha limitado a recordar que la responsabilidad de estos mensajes falsos es de todos y ha pedido no convertirlos en virales. «Evitemos ser víctimas de su manipulación», dijo, según los medios. Parece tan perfecto como insuficiente ese llamamiento. Por su parte, el ministro de Justicia español, Juan Carlos Campo, ha asegurado que el Gobierno no quiere que la impunidad ampare a los autores de los bulos. Prometió esta semana que desde el departamento que dirige se «revisarán» los instrumentos legales para impedirlos o, al menos, «para que no se vayan de rositas». «Justicia revisará la ley para que los autores de bulos «no se vayan de rositas»», titula a una de sus videocrónicas el diario español La Razón. La verdad es a pesar del titular esa intervención del ministro de Justicia español promete poco. Solo constata que España tiene «un problema como sociedad con la irrupción de las fake news», lo cual no es nada nuevo. Pero tampoco explica por qué la sociedad tiene que luchar por su cuenta contra la propagación de los bulos. El ministro defiende que la pandemia «no está afectando al Estado de Derecho y que no puede ser una excusa para debilitar el Estado de Derecho». Pero en lo que se refiere a las noticias falsas la pandemia es un momento cuando hay que ejercer el Estado de Derecho por parte de las corporaciones de seguridad. En este contexto, las medidas que están tomando los principales actores del sector, como Facebook parecen mucho más eficaces. «Así es el cambio de Whatsapp contra la infodemia de coronavirus», titula la edición en español de la CNN. La explicación de Facebook de cómo combatir la difusión de las noticias falsas en la aplicación de mensajería me parece mucho más convincente y a la vez útil que los anteriores comentarios de altos cargos de seguridad. Aunque en algo coinciden, eso sí. Delegan al usuario el papel del filtro principal contra noticias falsas. Sin embargo, no todos están de acuerdo con semejante enfoque. En época de pandemia son los medios de comunicación reputados los que tienen que desmentir lo más pronto posible las noticias falsas, consideran algunos expertos. El papel del periodismo durante la pandemia de coronavirus puede significar la diferencia entre la información y la desinformación, considera el director de la Maestría en Periodismo de la Universidad Internacional de Florida, Alejandro Alvarado. Ante una avalancha de desinformación, los medios de
«La sociedad española no está basada en el conocimiento, y por lo tanto no es competitiva»

El coronavirus desató varios efectos dominó. Entre ellos, la suspensión de las clases para los estudiantes en varios países. En el caso de España esta situación ha provocado que el Sindicato de Estudiantes lanzara una exigencia a las autoridades educativas del país: cancelación de todos los exámenes y aprobado de curso para todos. Aprender vs pasar de curso Este sindicato español incluye en el paquete la prueba de acceso a la universidad. Escuda sus exigencias en prevenir la posible expulsión del sistema educativo a jóvenes con menores recursos. Arguye que muchos de ellos pierden pie en las clases online por no disponer de dispositivos informáticos o conexión a internet en sus hogares. Sí, eso pasa en la España de hoy, según esta institución. Según reza el texto de su reivindicación, «Los y las estudiantes de familias más humildes tenemos todas las de perder: a nosotros no nos pueden ayudar en casa en muchos casos y por supuesto no tenemos fibra óptica, ni clases particulares, ni espaciosas e iluminadas habitaciones para estudiar y recuperar el tiempo perdido. Sin acceso a la tecnología necesaria para seguir el temario estamos condenados a repetir curso o, directamente, a ser expulsados del sistema educativo», argumenta la organización en el comunicado. Esto implica una cuestión filosófica, y también una económica. Por un lado, podría parecer que aprender no es lo importante aquí, ya ni siquiera ser un ‘salvador de exámenes’, que tampoco implica un aprendizaje, sino pasar de grado. «Desde la perspectiva puramente filosófica entramos en una serie de dinámicas en torno a lo que puede ser una discusión entre lo que puede ser el hecho de aprender, y el hecho de tener un título. Se presupone que cuando uno obtiene el título es porque ha aprendido determinadas cosas», señala al respecto el economista José Luis Carretero Miramar. Luego está la parte ‘logística’. En las historia hay incontables ejemplos de grandes profesionales que para estudiar han tenido que hacerlo a la luz de las velas, en condiciones edilicias muy lejanas de las mínimamente ideales, y a las mencionadas en el texto sindical. Y aunque se pueda argumentar que por estos días gran parte de la educación sea informatizada, y más en tiempos de cuarentena, también ha habido casos de gente que por distintas razones, imprevistos, imponderables, le ha tocado perder un año lectivo o más en su vida. «Es verdad que en muchos países del mundo se estudia con muy peores condiciones y gente que estudia con muy peores condiciones. Pero también es verdad que luego cuando se pongan la calificaciones en torno a todo esto, en cierta manera van a ser bastante injustas en el sentido de que va a haber gente que va a tener muy pocas dificultades para obtener una buena calificación, y sin embargo otra gente va a tener muchas dificultades para obtener un aprobado o una buena calificación», defiende el economista. Entre la filosofía y el impacto en la vida y la economía real Hace unos años el periódico el Confidencial de España publicaba una investigación hecha en la Universidad Complutense de Madrid. Su título «A cambio de euros, títulos universitarios a tutiplén para chinos que no hablan español». El reportaje apuntaba a que «a cambio de unos ingresos extra para paliar sus maltrechas cuentas, la universidad española acepta en programas académicos y otorga títulos oficiales a estudiantes chinos que no dominan el idioma a un nivel aceptable para seguir estudios superiores». También enumeraba las consecuencias. «[…] Pone en entredicho la reputación de muchas universidades. Redunda negativamente en la calidad de la enseñanza, enoja al resto de estudiantes porque perciben que se ralentiza el aprendizaje y porque observan una discriminación positiva a favor de los compañeros asiáticos». «A su vez, los profesores se ven incapaces de lidiar con alumnos que no entienden los contenidos de las materias y que no se adaptan al sistema universitario español. Los docentes sienten que el negocio prima sobre la calidad de la enseñanza y que el afán recaudatorio de los órganos rectores de las universidades los deja en una posición de debilidad ante un problema nuevo cuya solución metodológica no está planificada», reza el reportaje. Al respecto, Carretero Miramar sostiene que la sociedad española nunca ha valorado el conocimiento como un elemento fundamental de sí misma. A su entender, «el problema es que una sociedad que tiene su base económica fundamental en trabajar en la construcción, en distintas burbujas inmobiliarias recurrentes, y en el turismo –en servicios con muy bajo valor añadido muy basados en un trabajo flexible, barato, precario– pues no es una sociedad que valore en demasía el hecho de tener profesionales dedicados al conocimiento o con un conocimiento amplio». El economista argumenta que eso implica necesariamente que la economía española sea muy sensible a circunstancias externas, y que el coronavirus está dejando al descubierto esta situación. «Si tenemos un 30% del Producto Interior Bruto que depende de la hostelería y del turismo, en el momento que los visitantes extranjeros no pueden venir, no tenemos nada: no tenemos una industria que funcione, no tenemos productos de alto valor añadido, no tenemos una Investigación y Desarrollo [I+D] que funcione, y finalmente no tenemos tampoco un aparataje científico que pueda responder frente a una situación de crisis que necesita de ese conocimiento científico, como pueda ser la del Covid-19», afirma José Luis Carretero Miramar.
¿El ‘American way of life’ condenado a muerte por el coronavirus?

El ‘american way of life’ podría estar tocando su fin. Ese, y gran parte de los estilos de vida del globo. El culpable: el coronavirus. El autor de la afirmación: el editor de la revista Technology Review, Gideon Lichfield, una publicación que está estrechamente ligada el archifamoso Instituto Tecnológico de Massachusetts [MIT]. Obama y ‘el estilo de vida’ Del primero al último. Así ha estado presente en los —por poner un ejemplo— discursos de Barack Obama, seguramente con ausencias entremedias, una frase devenida en latiguillo para poner de pie auditorios propensos al aplauso o enardecer multitudes: ‘nuestro estilo de vida’. Tan incorporada en sus discursos como lo está un ‘buen día’ en los buenos modales de cualquier persona. Se trata de una frase estrella devenida de la propia historia del país norteamericano y que reconoce sus orígenes, y por tanto sus principios, en la Declaración de Independencia en el año 1776. Algunos ejemplos del uso de la frase por parte de Obama durante su condición de inquilino de la Casa Blanca: 20 de enero de 2009. Discurso de toma de posesión de la presidencia de EEUU: «No pediremos perdón por nuestro estilo de vida». 10 de noviembre de 2014. Sobre la defensa de la Neutralidad en la red: «Una Red abierta es esencial para la economía estadounidense y, cada vez más, para nuestro modo de vida». 1 de septiembre de 2015. Conferencia en Alaska sobre el Ártico y la lucha contra el cambio climático: «Siempre ha habido argumentos para oponerse a esto: que si afectará la economía, que si no queremos que se cambie nuestro estilo de vida…». 11 de enero de 2017. Último discurso de Obama como presidente de EEUU: «A todos los que sirven, ha sido el honor de mi vida ser vuestro Comandante Jefe. Pero proteger nuestro modo de vida requiere más que nuestros militares. La democracia puede peligrar cuando cedemos al miedo». El ‘American way of life’ tocado de muerte Entonces llegó el coronavirus sembrando muerte, pánico, colapso sanitario, crisis económica y drásticos cambios en la convivencia de los seres humanos alrededor del mundo. Y entonces, llegó una sentencia reñida con la máxima estadounidense: «Aceptémoslo, el estilo de vida que conocíamos nunca volverá». Su autor, Gideon Lichfield, editor de la revista Technology Review, para más señas, estrechamente ligada al MIT. Un hecho que le da un halo de fiabilidad a la nueva frase. «Lo que siempre se ha llamado el ‘estilo de vida’ o el ‘American way of life’, es lo que podemos denominar la ideología norteamericana. Es un estilo de vida basado en una metafísica muy concreta que es la del individualismo: cualquier norteamericano puede llegar a ser presidente de los EEUU, esto lo hemos escuchado mil veces. Es un estilo de vida un poco basado en la ley del ‘sálvese quien pueda’. El individuo es el que manda y es la cúspide de la pirámide social, y claro, esto tiene unos efectos que se ven claramente que son dramáticos cuando ocurre una circunstancia excepcional, y es lo que estamos viendo en la actualidad», manifiesta al respecto el analista Juan Aguilar. Así, el ‘American way of life’ y sucedáneos en el planeta están sentenciados a no volver a ser el que hasta ahora conocíamos, nunca más. Para siempre. «Todos tendremos que adaptarnos a una nueva forma de vivir, trabajar y relacionarnos. Pero como con todo cambio, habrá algunos que perderán más que la mayoría, y probablemente serán los que ya han perdido demasiado», afirma Lichfield. Sin embargo, se ilusiona con que esta crisis «obligue a los países, en particular a EEUU, a corregir las enormes desigualdades sociales» que hacen tan vulnerables a grandes franjas de su población. Aguilar explica que la actual situación plantea una contradicción en el ‘estilo de vida’ de EEUU. Advierte que para mantener una cohesión social, una estructura de Estado, todo un sistema de garantías y de desarrollo social, económico y demás, este estilo de vida es contradictorio. «Porque un Estado, cuanto más complejo es, mayores necesidades de control y planificación necesita. Lo estamos viendo, es la realidad. ¿Cuándo se ve eso descaradamente? Cuando ocurre la situación de excepción. ¿Y en qué estamos ahora? En esa situación de excepción». «Una pandemia que ya afecta oficialmente a cientos de miles de norteamericanos, donde hay miles de muertos y donde salen a la luz todas las insuficiencias y las carencias de ese estilo de vida. Porque no existe una sanidad pública, porque no existe una seguridad social pública, porque no existe un sistema de protección público, donde hay millones de personas dejadas de la mano de Dios desde el punto de vista social, donde no tienen ayuda, ni seguro médico. Entonces, ¿cómo se acomete ahora una situación de este tipo contando con ese ‘estilo de vida’? Es imposible, es una contradicción estructural del propio sistema. No va a poder ser. Y como no va a poder ser, necesariamente esto implicará cambios a futuro. Pueden ser cambios a mejor, o pueden ser cambios a peor», avisa Juan Aguilar.
¿Quién tiene la culpa?

En esta edición de nuestro programa hablaremos del crimen y el castigo con motivo de la pandemia del coronavirus que ya ha afectado a más de un millón de personas por todo el mundo. Y también inevitablemente hablaremos de los «culpables» siguiendo y analizando las acusaciones cruzadas que cada vez son más frecuentes en los medios de comunicación. Francamente, da la impresión de que para muchos líderes políticos en varios países encontrar al principal culpable de la propagación imparable del coronavirus se ha convertido en una razón de ser… Estados Unidos y China que están viviendo un tenso período en relaciones bilaterales recientemente cruzaron las acusaciones por el tema de la pandemia. Mientras Donald Trump acusó a China de esconder el brote del coronavirus en los primeros momentos, China sospechó que los militares estadounidenses llevaron el coronavirus a Wuhan. Hay que reconocer que las tensiones entre Washington y Beijing van más allá de este intercambio de acusaciones. A mediados de marzo, los corresponsales estadounidenses en China para diarios como el New York Times, Washington Post y Wall Street Journal recibieron una notificación con un plazo límite de diez días para entregar sus pases de prensa, lo cual equivale a una expulsión. Según la diplomacia china, se trata de una respuesta ante la «escandalosa» decisión de Washington por reducir drásticamente la cantidad de chinos autorizados a trabajar para cinco medios de Bejing en Estados Unidos. «Virus chino» y expulsiones de periodistas: tensiones entre Washington y Beijing, titula a una de sus crónicas el canal France 24. Es más que evidente que iniciar una guerra de expulsiones de periodistas en tiempos de pandemia es una idea suicida, más aun sabiendo que una expulsión de periodistas chinos de EEUU tendrá una respuesta inevitable cuyas consecuencias serán aun peor cuando toda la información que llegaba y llega desde China a través de los medios internacionales es vital. El propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tendría que saberlo mejor que nadie dadas las acusaciones que hace circular contra las autoridades chinas de que escondieron el brote de coronavirus en los primeros momentos y no informaron de las verdaderas dimensiones de la epidemia, así como del riesgo que representaba para todo el mundo. «Donald Trump acusa a China de esconder el brote de coronavirus en los primeros momentos», titula el canal español Antena3. Una versión parecida defienden ahora los servicios especiales estadounidenses diciendo que China tiene la mayor culpa de la actual pandemia del coronavirus en contra de lo que pretenden decirnos las autoridades chinas. Para el presidente estadounidense, Donald Trump, esa versión le viene como un balón de oxígeno en la durísima situación actual con el coronavirus en Estados Unidos. Le permite apuntar a un culpable y distraer un poco la atención de sus propios fallos. Sin embargo, al parecer los chinos para nada están dispuestos a compartirla. Su versión es que EEUU pudo haber sido el culpable principal de la llega del coronavirus a China. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Zhao Lijian, señaló a mediados de marzo que el Ejército de Estados Unidos pudo haber llevado el coronavirus a la ciudad de Wuhan, donde surgió el brote que ha infectado a más de un millón de personas en el mundo. «China sospecha que el ejército de EUA llevó el coronavirus a Wuhan», titula NotimexTV. Esta versión tampoco ayuda a conseguir lo principal en la situación actual: esclarecer la verdad. Pero también es cierto que permite perfectamente distraer la atención de los problemas reales y crear un debate en los medios y en redes sociales sobre posibles conspiraciones que sirve de una perfecta cortina de humo… Y la verdad es que ofrecer semejantes opciones a las redes sociales definitivamente no es recomendable. No faltan ejemplos para demostrar que la gente que está agotada y decepcionada con las nuevas «condiciones de vida» está dispuesta a creer en «noticias» cada vez más factásticas. «Declaración falsa: Putin suelta leones por las calles de Rusia para imponer cuarentena por coronavirus», titula a una de sus crónicas la agencia Reuters. Si hay gente capaz de creer que Putin efectivamente suelta leones para garantizar el confinamiento podría creer en cualquier versión más absurda en cualquier tontería. Semejantes noticias falsas y búsqueda diaria de los «culpables de la pandemia» en los medios no hacen más que confundir al público. Mientras tanto, al parecer, existe una respuesta muy precisa a la pregunta de ¿quién tiene la culpa? si realmente uno quiere tenerla. En 2019 un comité de expertos entregó a la ONU un análisis sobre el riesgo de una emergencia sanitaria global y qué hay que hacer para prevenirla. La junta que ha elaborado este informe estaba compuesta por 15 miembros entre los que hay técnicos, políticos y altos representantes de diferentes organismos, como la Fundación Gates, Wellcome Trust o Unicef. ¿Saben cuál era la mayor amenaza? Una gripe masiva y mortal. Hemos encontrado un artículo publicado en El País a principios de octubre del año pasado titulado: «El mundo tiene que prepararse para la próxima gran pandemia letal». Repito que parece increíble leerlo ahora. Más aun, cuando las previsiones sobre posibles víctimas mortales del coronavirus en el peor de los casos casi coinciden con lo que decían los expertos hace un año. «Durante mucho tiempo hemos permitido que se suceda un ciclo de pánico y abandono: prodigamos los esfuerzos cuando surge una amenaza grave y nos olvidamos rápidamente cuando remite», rezaba el documento entregado a la ONU. Y aquí vamos a citar algunos de los objetivos concretos que determinaron los autores del informe sobre preparación mundial para emergencias sanitarias: Elaborar un plan de seguridad sanitaria, determinar los recursos y nombrar a un coordinador de alto nivel para aplicar estas medidas. La OMS y el Banco Mundial, en colaboración con los países, tienen que elaborar y aplicar intervenciones prioritarias que puedan financiarse en los ciclos presupuestarios actuales. Los donantes y los países deben establecer plazos para la financiación y desarrollo de una vacuna universal contra la gripe y
Putin extiende el período no laborable en Rusia

Rusia todavía no ha superado el pico de la epidemia de coronavirus por lo cual el período no laborable se extiende hasta el 30 de abril, anunció el presidente ruso, Vladímir Putin, en un discurso especial a la nación. «Según los especialistas virólogos, el pico de la epidemia todavía no ha pasado en el mundo, incluido en nuestro país. Ante la amenaza de coronavirus decidí prologar el período no laborable hasta el fin del mes, hasta el 30 de abril inclusivo con goce de sueldo», dijo Putin. Además, el primer ministro de Rusia, Mijaíl Mishustin, ordenó suspender temporalmente los cruces fronterizos terrestres y fluviales. Por su parte, la portavoz del Ministerio de Exteriores de Rusia, María Zajárova, declaró que Rusia denuncia intento de Occidente de usar el COVID-19 para dar un golpe en Venezuela. El primer canal de TV de Rusia reporta desde Italia la labor de la brigada de especialistas militares de nuestro país para contrarrestar el coronavirus. Mientras tanto, China ya ocupa el cuarto lugar por el número de enfermos detrás de EEUU, Italia y España. Estos y otros temas en el programa dominical «7 Días«.